Carlos Baldelomar

+ DOMINGO +

Digamos que en apariencia

no hay nada más pacífico

que un domingo por la mañana.

Nos estiramos entre las sábanas

nos olvidamos de los celulares,

nos sonreímos, nos abrazamos

y a veces hasta desayunamos

ahí mismo en la cama.

 

La ciudad

suena lejana.

Y el miedo

parece

que se nos durmió en algún barrio lejano.

¿Sera porque hoy no escuchamos noticieros?

¿O tal vez porque los verdugos

cantan salmos a esas mismas horas

para volver el lunes

con las manos limpias?

 

Asi que uno mejor no hace preguntas.

Al menos, no en voz alta.

Uno simplemente se termina

los frijolitos y el café,

se aprieta un poco más contra

el cuerpo del otro

y finge

que este silencio

es solo un domingo por la mañana.