Del amigo que se fue
Sentado junto a la tarde,
cuando la luz se hace lenta,
repaso la larga lista
de los que faltan en tierra.
A esta edad en que la vida
va buscando ya su cerca,
no me pesa la memoria,
sino la silla desierta.
Hoy te has ido tú también,
compañero de la senda,
y se me queda la casa
con una sombra más densa.
¡Qué de risas al abrigo
de la palabra sin puerta!
¡Qué de verdades sencillas
dichas con la frente abierta!
Recuerdo bien las jornadas,
las horas de luz y fuerza,
los logros que conseguimos
y el descanso en la pradera.
Nos dijimos casi todo
con la mirada despierta,
sin necesitar más ruido
que el aire por la arboleda.
Hoy me falta tu palabra,
tu paso firme en la hierba;
se va apagando a lo lejos
un trozo de mi querencia.
Pero no te vas del todo,
tu huella queda en la piedra,
marca de un paso profundo
que ni la niebla vulnera.
Vete en paz, mi viejo amigo,
sigue tu marcha discreta,
que mientras me quede aliento
irás por mi misma senda.