En un cielo color rosa,
allí pudimos soñar:
construir para nosotros
un mundo de suaves vientos,
con nubes que, como diosas,
nos dieran su buen sustento.
Que a través del ventanal
no se vieran los desiertos,
ni calles con un hambriento,
si dondequiera había pan.
No soportó nuestro reino
aquel peso desbordado…
Demasiado ambicionado
para ser un buen destino.
Las nubes de color rosa
nos disolvieron la piel.
El fuego quemó en su llama
nuestro reino de oropel.
Caímos en altamar
y, entre las formas rocosas,
vi un bote naufragar
y lloraba temerosa.
Y yo intenté… y clamé…
Quise salvar todo aquello.
¡Se está esfumando mi vida!
Como la arena, se iba.
Y aquella noche de estío
miré mis manos vacías…
Si solo se oyó un quejido
de mi alma que moría.
Demasiado alto volar.
Reinar…
Eso quisimos.