Dos luces habitando un mismo pecho,
dos formas de alumbrar mi oscuro suelo,
un mismo corazón alzado al cielo
con doble llave abierto y bien deshecho.
Para la una, la calma, el noble lecho,
la paz que me rescata de mi anhelo;
para la otra, la tormenta y el desvelo,
el fuego que me quema aquí en el pecho.
No sé partir el alma en dos mitades,
ni quiero apagar este sentimiento
que habita en mis extrañas libertades.
Se duplica el latir y el pensamiento,
viviendo en equilibrio entre verdades:
pues amándolas a ambas, vivo y siento.