Recorriendo los huecos de mi ser
fulgurar de añoranza
conciertos de mis días,
en bandadas recuerdos del ayer
de prontas primaveras
placeres y alegrías.
Hoy me encuentro peinando hebras de platas
delante del espejo,
a solas con mi cruz,
temiéndole a las garras del invierno,
ya no quiero sufrir más agonías
que no me quedan fuerzas
no quiero más infierno.
Ya mis ojos preñados por las lágrimas
no advierten la salida
ni encuentran ya la luz,
¡Condúceme Señor,
qué ya no quiero más vagar eterno!
R. Bersabé
Enero de 2008