DONDE EL AMOR SE VUELVE HERIDA
Te busco en los territorios del silencio, allí donde la noche esconde sus secretos y los recuerdos se visten de niebla para no dejarse alcanzar.
Hay algo de ti que habita en mis entrañas, una presencia que no tiene cuerpo, un incendio que no consume la madera, pero convierte en cenizas mis pensamientos.
No sé qué nombre darle a esta condena de llevarte conmigo sin tenerte, de sentir que me perteneces cuando ni siquiera sé dónde encontrarte.
A veces quisiera arrancarte de mis sueños, cerrar todas las puertas de mi memoria, dejar que el tiempo cubra con su polvo aquello que mi voluntad no consigue olvidar.
Pero llegas… y vuelve a temblar la tierra bajo mis pies.
Tienes esa extraña manera de existir que desordena mis estaciones, que convierte mis inviernos en hogueras y mis palabras en pájaros heridos.
No eres paz, tampoco eres tormenta: eres esa frontera peligrosa donde mi razón se rinde y mi deseo comienza a pronunciar tu nombre.
He aprendido que también se puede morir sin abandonar este mundo, que hay caricias que dejan cicatrices y besos que permanecen abiertos como heridas que se niegan a cerrar.
Y, sin embargo, aquí estoy, con este corazón desobediente, que no sabe de prudencias ni entiende de despedidas.
No te pido que seas primavera, ni que escondas tus sombras para agradarme. Ven con tus inviernos, con tus tempestades, con todo aquello que el mundo no ha sabido comprender de ti.
Yo tampoco soy un hombre sin ruinas, también llevo tempestades bajo la piel, también tengo noches que ni siquiera la luz consigue atravesar.
Pero si alguna vez decides quedarte, no busques en mí un cielo sin nubes: encontrarás un hombre verdadero, con sus heridas y sus contradicciones, dispuesto a amarte sin convertirte en prisionera.
Porque hay amores que llegan para salvarnos, otros que nos enseñan a perdernos, y algunos, los más inexplicables, se quedan viviendo dentro de nosotros aunque la vida jamás les conceda un lugar.
Y si alguna vez tengo que olvidarte, que sea después de haber sentido que hasta mi última gota de sangre supo pronunciar tu nombre.
Porque no todos los amores nacen para convertirse en destino; algunos nacen para arder eternamente en el lugar más profundo del alma.
— Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Noviembre, 2019
Género: poesía lírica
Forma: verso libre