EL IMITADOR
Al parecer, yo era un imitador nato, preciso,
y se me ocurrió imitar a mi padre
mientras leía el periódico. Mi padre
bisbiseaba las sílabas, las palabras que leía,
y yo imitaba aquel sonido impreciso y el movimiento
tan leve de sus labios. Pero, poco después,
crecí, cambié y dejé de imitar como costumbre,
adquirí un modo propio de leer, de hablar,
de opinar; me forjé una personalidad
intransferible y me puse a habitar
mi propio mundo.
Gaspar Jover Polo