Maldita sea la noche y tan odioso el recuerdo, de escuchar aquella noticia que habría de destrozar tu cuerpo.
Tu existencia fue tan corta y tu recuerdo eterno, aún abrazo tu voz como una caricia del viento.
Iluminada era aquella sonrisa, que siempre encontraba el momento de animar la vida y convertirla en un hermoso cuento de luz y alegría.
La energía transmitida me hacía olvidar que por dentro morías y que a pesar de eso te empeñabas en disfrutar cada día.
Una noche llegó, sin avisar ni hacer mención y finalmente apagó la llama de tu corazón, ese día la muerte ganó y acabó con lo que algún día fue un cuerpo que demasiado amó.
Hoy solo quedan las fotos, las vivencias y enseñanzas, pensar en un guerrero que nunca desistió y que al final de sus hazañas disfrutó lo que más vivió.