A los que un día marcharon
y una parte se llevaron
de mi alma y del corazón,
en llanto y consolación.
Madre, padre, hermano, tíos,
afectos tan bien queridos,
primos que el tiempo arrancó
y hoy guardo con gran dolor.
Una vela he de encender
como bella despedida;
pido al viento que su vida
viva en flores a su vez.
Les hice un altar sagrado
en mi pecho bien amado;
agradezco su lección
y su paso en la pasión.
Hoy los suelto de este mundo,
con respeto muy profundo,
para poder cada día
vivir con su melodía.