Él observa, ve los contrastes;
le sonrío pícaramente mientras me maquillo para que me diga a cuantos iré a conquistar,
luego al regresar puedo notar cómo se queda mirando mis penas
y no se atreve a preguntar qué pasó
allá afuera.
Ya sabe que bailo y canto con tanta entrega,
con movimientos de escenario.
Me ayuda a ensayar cualquier tipo de mirada y me deja ser ostentosa.
Él ve mi piel, los vellos y estudia mis gestos, no obstante, siente impotencia por no saber
qué pasa dentro de ella a todo detalle.
También agradece que en las noches le prenda una luz al lado para que pueda ver.
Nunca suelta lo que oye, siempre elige el camino de la prudencia.