Es la casa de antes,
de enredaderas altas
tan sola en la pradera.
Hay jardines vestidos
en pequeñas macetas,
con plantas aromáticas,
con fuertes lotos blancos
y cabellos de cielo.
No hay jardín más austero
que el que crece sin pausa
con la lluvia que cae
y el abono sin alma,
en una casa sola.
L.G.