Vjekoslav Darlić Mardešić

El viento

Viento alzado, delator de huidas.

Lo vi nacer: buscaba la tristeza

para tornarla en rezo.

 

Viento sonoro, viajero perpetuo;

caminaba sordo, como si un grito infinito

le hubiera borrado los oídos.

 

La luna suspendida,

hermosa como el espejo que la contiene

para hacerse noche;

en un rincón se le acurruca

como golondrina en el campanario.

 

Llegaba con voraz deseo de mirarla,

de ofrecerle aquellos roces

que guardaba para el verso;

sin importar que mi voz

naufrague en el mar

y la ola pierda su alegría.

 

Viento errante, alado y sin lágrimas,

limpio de niebla,

libre de invierno,

ajeno a la lluvia.

 

Entre la resignación y el olvido,

aire que el pájaro atrapaba

para no caer, cometa herido,

en un astro sin luz.

 

A veces, mármol ante la nieve y el granizo;

de pronto, tempestad

que parte la nave

que, sin proa, se ahoga

en las antiguas tinieblas.

 

Agonía introvertida:

ecos intangibles, mudos rastros de su paso.

 

Quizá en su lecho se desvaneció

junto a un retrato y su flor,

cuya esencia, a pesar del tiempo,

todavía brota.