El abigarrado muro del castillo
tacha de vocinglera a su familia,
mientras él permanece callado
urdiendo sutilmente su escape.
Pero el par de pilares sosteniéndolo
obligan a borrar los vestigios
de rebeldía y conspiración
en cada piedra que lo constituye.
Ser libre, significa seducir a la muerte,
quedarse, significa ignorarla.
O se derrumba siendo libre,
o se encapsula creyéndose inmortal.
Sus piedras, escindidas, discuten:
¿Valdrá la pena el escarceo al abismo?
¿Valdrá la pena, en cambio, el mimetismo?