Creí que te habías ido,
quedándome apesarado.
Y pasó que te he perdido
pero en mí, tú te has quedado.
Te has quedado en el sonido
y en el llanto derramado;
te has quedado en el cernido,
de la lluvia en el tejado
que recuerda tu presencia,
tu mirada y tu sonrisa
convertidas en herencia
que escrituras no precisa;
ni tampoco una evidencia,
si apareces con la brisa...