Déjame irme, que quiero
cambiar de rumbo,
donde me vista de rojo
o de un azul profundo.
Y subir hasta las nubes
y en ellas hacer mi cama;
que no despeine mi pelo
el aire de la montaña.
Hoy he vuelto a tener nido
y mi cabeza en la hierba.
Quiero vislumbrar el valle,
sus ríos y sus cascadas.
Mira allá, en aquel cerro,
el ganado en el potrero
y las aves con sus trinos
que van jugando en el cielo.
Hoy he vuelto a tener nido
y mi cabeza en la hierba.
«La luz entra en mi ventana:
ven conmigo al limonero,
que estoy sola y hoy quiero
contarte mi vida y mis cosas».
Y allí pasamos la tarde,
como escribiendo una historia.
La noche abrió su manto
y un olor como de rosas…
Una luz iba sanando
y penetraba las sombras.
Y los ángeles me hablaron.
y dijeron: «No estás rota».
Y tocaba con mis manos
tu cara de luna nueva.
Estoy viva, no sabía…
Mas hoy vuelvo a tener nido
y mi cabeza en la hierba.