Alberto Escobar

Santorini

 

 

Santorini, un enjambre
de casas blancas subiendo
ladera arriba, un rosario
de luces, en desigual reparto,
más en lo alto que en lo bajo,
y yo, y ella, desde una alberca
dentro del apartamento, al pie
de la cama, con el zócalo
repleto de frutas y confites, 
tú todavía retozando en la cama,
recreándote en la no obligación
de levantarte, de tener que estar
presente en un sitio a una hora,
desafiando el tráfico como quien,
en películas que veía de pequeño,
se abre paso en un maizal.
Un paraíso, una alucinacion, un
premio que nos tocó 
en un sorteo de Lidl.