Antonio Portillo Spínola

El hueso y la sal


​Cuelga tu abrigo aún tras de la puerta,
con el peso de inviernos que descienden,
mientras afuera los vencejos hienden
la tarde hacia una luz que me desierta.
​Guarda el cajón la lima y la libreta,
tu letra de otro siglo que no cede,
y en el zócalo frío retrocede
el polvo fino que tu ausencia aquieta.
​Trago la sal que busca las esquinas,
aprieto dientes, cierro la garganta,
no permito que el llanto me desmande.
​Por dentro se derrumban las colinas,
pero el hueso sostiene lo que espanta:
esta orfandad que de callar se expande.

Antonio Portillo Spínola ©