Buscaba mi alma un refugio expansor,
un rincón verde de fe y conexión,
y hallé en el círculo de visión y poder
la tribu justa donde vi mi alma florecer.
Al poner la intención y decretar con fe,
la propia frecuencia me entrega lo que soñé;
todo lo anhelado llega sin tardar,
listo para honrarse, vibrar y manifestar.
Entre la tierra, la luz y los socios de bien,
brota el talento, la paz y el saber también;
basta decretar con manos y anhelo
para sembrar en la tierra y tocar el cielo.
Porque la vida responde al latido constante
y la frecuencia del dar hace el camino brillante:
todo lo anhelado, al fin concedido,
llega a su hora con claro sentido,
para servir al mundo y cumplir mi destino.