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CALLEJÓN PROHIBIDO

CALLEJÓN PROHIBIDO

 

 

Hay callejones que no aparecen en los mapas,

pero permanecen dibujados en la memoria.

Lugares que alguna vez fueron refugio de ilusiones

y que hoy se convierten en laberintos de nostalgia.

 

Hay caminos que uno aprende a evitar,

no porque exista una prohibición escrita,

sino porque cada paso despierta recuerdos,

cada esquina devuelve una emoción

y cada encuentro puede estremecer el alma.

 

Callejón prohibido,

donde la melancolía se viste de silencio,

donde los recuerdos caminan sin permiso

y los sentimientos buscan una salida

que quizás nunca estuvo abierta.

 

A veces nos invade el temor de encontrarnos

con aquello que alguna vez nos hizo soñar.

Se nos acelera el corazón,

se nos enredan las palabras

y terminamos pasando de largo,

como si nada ocurriera por dentro.

 

Pero ¿quién puede prohibirle al corazón recordar?

¿Quién puede borrar de golpe una ilusión?

No siempre se puede elegir lo que sentimos,

pero sí podemos decidir cómo continuar.

 

Por eso existen callejones que debemos dejar atrás,

no por odio, rencor ni resentimiento,

sino por respeto a los espacios ajenos

y por la necesidad de recuperar nuestra tranquilidad.

 

Callejón prohibido,

no eres una calle sin salida,

eres una lección que todavía cuesta comprender:

que no todos los caminos conducen al amor,

que no todos los encuentros terminan en abrazos

y que algunas despedidas también enseñan a vivir.

 

Mañana quizás pueda recorrer tus esquinas

sin sobresaltos, sin nostalgia y sin temor.

Entonces sabré que el tiempo ha hecho su trabajo

y que mi corazón aprendió a caminar

sin quedarse prisionero de ningún recuerdo.

 

 

El bohemio puro