En el agua remansada de una fuente,
donde abrevan los pájaros con calma,
quedamente el reflejo de mi cara
se deforma en las hondas silenciosas
que mi mano provoca con ternura
y brasas de un suspiro desolado.
Caminar las mañanas solitarias
aceptando del sol la fría brisa
que entumece mi tiempo acelerado,
y rasgar mi semblante vespertino
en el seco cristal del agua clara,
enardecen mi vida solitaria.