Vivir
Ya sea por el sol acariciando mi ensueño y mis mejillas,
o por las hojas doradas iluminando mis pasos,
me alzo inundada de luz hacia el instante que gobierna.
Es el cuerpo umbral del presente
y en él habita la eternidad.
En mi pecho entra lo que llega,
sale lo que se va,
por mi sangre en barcos
hasta los puertos de la piel
que dan al océano sin orillas.
En la yema de mis dedos siento
el vaivén de una vibración sutil, luminosa y tibia,
fulgor magnético,
que me recuerda, con la fuerza de la paz, que
estar viva ya es ser vida.
Respiro.