Gran Vía - Madrid.
Turistas en procesión,
van de tienda en escaparate,
mientras el lujo combate
con la humana condición.
Franquicias de ostentación
deslumbran con su dinero,
bajo un cielo de acero,
donde el neón se desangra,
y la Gran Vía se alambra
con los sueños del viajero.
Bajo un cielo de cartón,
duermen mendigos sin techo,
con la escarcha sobre el pecho
y la luna por colchón.
Madrid les niega el perdón,
mientras la noche sombría
les roba la luz del día.
Y entre cartones y frío,
sueñan con un lecho vacío
a los pies de la Gran Vía.