Sergio v Rodrigues VIVENCIAS EN LETRAS

Gaia, nombre de tierra y de semilla

 
Gaia, nombre de noche y de misterio,
no hiciste falta que cruzaras la frontera
para dejar en este cautiverio
una huella de luz y primavera.
No llegaste a pisar este suelo frío,
ni a escuchar las canciones del desvelo,
pero tu breve paso por el río
te llevó directamente hacia el cielo.
Fuiste un sueño acunado en la esperanza,
un latido que el alma guarda puro,
una estrella que en la memoria danza
más allá del pasado y del futuro.
No te vimos nacer, pequeña mía,
pero el amor que dejas es tan fuerte
que en la noche más larga y sombría
nos abraza tu luz para encenderte.
Duerme en paz, pequeña Gaua, en el regazo
donde el dolor del mundo ya no toca,
que un hilo invisible y sin ocaso
une tu alma a la que hoy te evoca.
 no alcanzaste a florecer al viento,
dejaste en nuestra orilla el sentimiento
de una luz que en el alma siempre brilla.
No hizo falta mirar tu carita,
ni acunar en los brazos tu destino,
para saber que en nuestro camino
tu ausencia es una huella infinita.
Fuiste el sueño más tierno y esperado,
un latido que el tiempo no deshace,
el amor que se queda y que renace
aunque el viento te lleve de nuestro lado.
Vuela alto, pequeña, en el espacio
donde no existe el dolor ni la premura,
que aquí guardamos tu memoria pura
en el rincón más dulce del palacio
hija te digo que
sostengo tu mano en esta noche oscura
donde las palabras se quedan pequeñas,
y el alma, cansada de buscar señas,
se quiebra ante el peso de tanta ternura.
No hay una respuesta para este vacío,
la vida a veces nos cambia los mapas,
y el dolor nos llega por ráfagas, capas,
dejando el invierno donde hubo un río.
Llorar a Gaia es honrar su latido,
el breve milagro de haberla esperado,
un lazo de luz que se queda grabado
y que nunca, nunca, se dará por perdido.
Aquí estoy para ser el refugio y el puente,
el hombro dispuesto, el silencio que abriga,
mientras el tiempo despacio mitiga
esta herida que hoy quema la frente.
Caminen despacio, sin prisa, abrazados,
que el amor que sembraron no se desvanece,
y en cada rincón donde el alma florece
estará su recuerdo con nosotros guardado.
 
 
 
romi y ale
Sé que en este momento no existen palabras mágicas que puedan calmar un dolor tan profundo, porque la partida de Gaia deja un vacío que desafía toda lógica. Solo quiero que sepan que no están solos en esta oscuridad. Su dolor me duele en el alma, y mi único deseo es estar aquí para sostenerlos cuando sientan que las fuerzas no alcanzan.
Está bien llorar, está bien extrañar ese futuro que soñaron y sentir que el mundo se ha detenido. El amor que sintieron por Gaia desde el primer instante fue real, puro y eterno; ese amor no desaparece, se queda con ustedes para siempre.
No hay prisa para sanar ni reglas para transitar este duelo. Vayan paso a paso, refugiándose el uno en el otro. Yo estaré aquí, a su lado, para escucharlos en el silencio, para abrazarlos fuerte o para ayudarlos en lo que necesiten, sin juzgar, solo acompañando. Los amo profundamente y aquí tienen mi hombro y mi corazón entero para sostener
El paso de Gaia por este mundo fue breve, pero la huella que deja es eterna. Ella no llegó a nacer, pero sí llegó a existir en lo más profundo de sus corazones, y eso la hace parte de nuestra familia para siempre. Nos enseñó la capacidad tan inmensa que tenemos de amar y nos unió en una ternura que nunca antes habíamos sentido.
Gaia no conoció el frío, ni el dolor, ni el miedo; lo único que experimentó en su viaje fue el amor absoluto, la calidez de su mamá y la ilusión de su papá. Se fue sabiéndose profundamente amada y esperada. Ese es su verdadero legado: recordarnos que el amor no se mide en tiempo, sino en la pureza con la que se entrega.
Cada vez que nos abracemos más fuerte, cada vez que nos cuidemos el uno al otro en su memoria, Gaia estará floreciendo entre nosotros. Su luz se queda aquí, grabada en el alma de todos, recordándonos que el amor que ella encendió jamás se va a apagar.
 
A veces el amor no necesita tiempo para ser inmenso, y el dolor de una partida tan temprana es profundo y sagrado. Con todo el respeto y la ternura que merece la memoria de tu nieta, aquí tienes estas palabras para ella:
Gaia, nombre de noche y de misterio,
no hiciste falta que cruzaras la frontera
para dejar en este cautiverio
una huella de luz y primavera.