CUANDO TE ENCONTRÉ, EL TIEMPO ENMUDECIÓ
Antes de conocerte,
algo de ti habitaba mis silencios.
No tenía tu nombre,
ni el contorno de tu rostro,
pero había una ausencia
que se parecía demasiado a ti.
Te buscaba sin saberlo
en la lluvia que golpeaba los tejados,
en el rumor de los árboles,
en aquellas tardes interminables
donde el horizonte parecía esperarme.
Quizá eras la luz que entraba por mi ventana,
la música que despertaba mis recuerdos,
o aquella inquietud inexplicable
que me acompañaba cuando estaba solo.
No sabía que el destino
podía esconder un corazón
en medio de tantos caminos.
Y entonces llegaste.
No hubo relámpagos ni campanas,
ni el universo se inclinó a nuestros pies;
solamente ocurrió que tus ojos encontraron los míos
y todo lo que había sido mi vida
pareció quedarse atrás.
Tu mano rozó la mía
y comprendí que existen instantes
capaces de contener una eternidad.
Desde entonces,
el mundo tiene otra manera de amanecer,
las horas llevan tu nombre
y hasta la distancia, cuando llega,
tiene el sabor de tu ausencia.
No sé cuánto tiempo te esperé,
ni en qué lugar de mi historia comenzaste a existir.
Sólo sé que, antes de ti,
mi corazón caminaba sin destino,
y que después de encontrarte
ya no quiso llegar a ningún otro lugar.
Porque hay amores que no comienzan
cuando dos personas se encuentran,
sino cuando una de ellas descubre
que toda su vida
había estado esperando a la otra.
— Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Octubre, 2021
Género: poesía lírica
Forma: verso libre