Al igual que el señor de las praderas, que corre libre, sin riendas, sin renunciar a su naturaleza.
Y mientras avanza por su senda, con paciente determinación, forja su propio camino.
Es centauro sin jinete quien aprende a gobernar sus emociones sin dejar de sentir.
Y como el caballo bravo, que por su fuerza y coraje encuentra en sí mismo la libertad para avanzar,
camina sereno por la vida, sin renunciar al asombro ni a la emoción.
Quien gobierna sus emociones, como arquitecto de su propia mente, entre pradera y experiencia...
desde sus propios cimientos puede levantar una catedral.