Jesús Ángel.

El señor de las praderas.

 

Al igual que el señor de las praderas, que corre libre, sin riendas, sin renunciar a su naturaleza.

 

Y mientras avanza por su senda, con paciente determinación, forja su propio camino.

 

Es centauro sin jinete quien aprende a gobernar sus emociones sin dejar de sentir.

 

Y como el caballo bravo, que por su fuerza y coraje encuentra en sí mismo la libertad para avanzar,

 

camina sereno por la vida, sin renunciar al asombro ni a la emoción.

 

Quien gobierna sus emociones, como arquitecto de su propia mente, entre pradera y experiencia...

 

desde sus propios cimientos puede levantar una catedral.