En hombros de mi madre viví mi dulce infancia:
colmándome de cielos pese a la gran distancia.
Sintiendo que las nubes seguían nuestra danza
y que en ese silencio la voz sola se amansa.
Mirábamos la niebla ën nuestra caminata,
mis manos hechas hielo; las tuyas mi fogata.
Tu calor disipaba las calles nebulosas
dándole a mi ïnfancia el color de las rosas.
En mis sienes vastagas y ricas alegrías
que esta triste noche transforman poesías.
Es por esto que vivo recordando con ansia,
fui feliz sin saberlo. Hoy vivo en la nostalgia.
Me entregaron júbilo ä la edad más temprana:
las montañas más altas para una tierra llana.
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El tiempo con su pluma nos deja una mancha
a quienes le buscamos la última revancha.