Las cenizas de la pasión,
tibias…conservan su idilio,
casi casi inertes… pero inmutables,
hechas de excitación,
presas de la intrascendencia,
pero esperando un instante de delirio…
que avive el fuego ardiente…
ahí, donde se confunde la razón…
y la euforia de la cordura…cruza al otro lado…
provocando una desobediencia total.
Bendita pasión fruto de mi alucinación…
que me hizo coincidir con tu espejismo,
más allá de la sensatez…
hasta acomodar tu fantasma…
en un furtivo lugar del corazón,
en donde olvidar no es opción,
allí donde permaneces …silenciosamente…
esperando la perpetuidad.
Yo debo confesarte mi debilidad,
tu…la delicia convertida en mujer,
el clímax con la fuerza del desafuero,
ese deseo resignado a tu adicción,
mi frenesí desbocado de fogosidad…
al extremo de la locura…
con tan solo contemplar tu figura desnuda…
sobre un aparente lecho de ingenuidad.
Tu…la de la inofensiva mirada,
la de impetuosa exquisitez,
de purpurinos labios…
que lanzan besos vehementes a discreción,
sin temor a provocar una obsesión mortal.
Tus divinas formas…expuestas sin precaución…
llevándome al límite…
incitando una incontenible codicia…
que no actúan en su sano juicio,
porque pudo más la exuberancia de tus encantos…
que la fallida promesa de indiferencia…
que me propuse honrar.
¿Pero quién podría dejar pasar…
tu excesiva provocación?,
¿quién podría no caer en tu tentación?
si apareces en mis pecaminosos sueños…sin invitación.