Fogón, habitas la brisa
de un verso ahumado.
El monte y el vino evocan
tu memoria mineral.
Tu canto despierta voces lejanas,
los grillos aserran tu sombra.
En las noches sin luna,
los cardones velan tu rastro.
Los hombres que transitan
en tu raíz, cuecen sus heridas
con el fuego de tu voz.
Embriagadas en tus coplas
las enardecidas estrellas
entonan el nombrador.