Tasajero, tierra de olvido.
El verano está presente, pero la oscuridad aflige tu luz; la confusión, impoluta, surge de dos uniones que se reflejan en un empate. El caluroso olvido y la oscuridad permanente se nublan entre sí, y nublan también la mirada del amor. Los árboles y la creación, en constante silencio, y el ruido matutino de la ciudad unen dos mundos que reflejan desolación: el horror de la depresión, la causa del olvido.
El amor es real; es un sentimiento que he vivido. Pero el miedo de arruinarlo, y de seguir el ejemplo de las relaciones actuales —donde la monogamia se ha perdido y se normaliza el ataque a la sacralidad del matrimonio—, causa en mí preocupación y temor de lastimar a un corazón puro que desea expresar la bondad de la realidad y la entrega mutua hacia la persona amada.
Por eso me cuido del sentimiento que puede destruir todo lo construido: la realidad verdadera del amor, el horror de la violencia, la normalización de la infidelidad y el ataque a la unidad, a la bondad de amar, al deseo de entrega, al respeto por la verdad. Poner a Dios en el medio y hacer del amor una sacralidad matrimonial.
Comparo a Tasajero con la realidad del amor en la actualidad, donde se olvida el sentimiento y se ataca la realidad. Los árboles son las pruebas; el viento, la discusión; el silencio, el deseo de acabar con todo. Y la golpiza de la ciudad, con su ruido diario, contra el campo de paz refleja la intervención de quienes, con la lengua, pretenden destruir lo construido y causar así el Tasajero actual: las realidades de las parejas, donde no se valora el amor, sino el deseo del momento, que cultiva la cizaña en el árbol sembrado.
Esta comparación con este maravilloso barrio refleja el olvido actual: la monogamia destruida por una generación vacía que vive el sentir, pero olvida el construir. El Tasajero real lo refleja la humanidad.
Sentimiento.
Tasajero es una metáfora de mi vida diaria. Es un hermoso poema que narra lo que acontece en mi vida actual y pasada: ese desespero inato que nada calma, que solo descansa con el aire frío de aquella carretera inhóspita.
En la paz de la naturaleza descanso del ruido que acapara la locura mental. Con el silencio se vive una verdadera experiencia espiritual en el hermoso Tasajero, un barrio lleno de paz.