El falso fuego de tu amor pasado
se transformó en herida y sufrimiento,
y no dejó en mi pecho más aliento
que este rencor que vive sepultado.
Aquel idilio que creí sagrado
hoy lo devora el gris resentimiento,
y de la vieja fe ya nada siento
en este corazón desamparado.
No queda del ayer un solo brío,
ni queda la ceniza de la llama
donde reinaba el ciego y dulce ardor.
Tan solo queda un horizonte frío
y una verdad que a viva voz proclama
que tu desprecio me enseñó el dolor.