RITUAL
Tañen daño las campanas
cuando tocan a difunto.
Tiembla el templo con su son.
Retumban las viejas conciencias
y en muchos aflora el dolor.
Por solemnizar el acto,
plañen algunas de oficio;
se hacen dueñas de la pena
prestando falso servicio.
Otros cuentan sus virtudes,
sepultando los defectos
de su lado más humano
en hueco discurso vano.
Se tiñen las telas de negro,
la hipocresía del luto.
Tantos son que no hay ninguno
que no oculte su verdad.
Sólo uno los reúne
y ese uno ya no está.
Unos van porque conviene
mantener la tradición;
otros por educación,
y otros tantos por el morbo
que les supone la muerte.
Algunos se sienten culpables
por no dedicarle más tiempo
cuando más le hacían falta
y ahora que acuden a verle
les recibe indiferente,
ahora ya no es necesario.
Ahora que vienen, se va.
Mientras el alma se escapa
presenta estática estampa
en su cárcel de cristal
sobre madera postrera.
Viste sus mejores galas
mas luce la piel apagada
pues debajo ya no hay nada,
ya no existe, ya no hay más.
Mañana será muy distinto.
Cada uno a sus quehaceres.
Aquí paz y luego gloria.
Finalizado el ritual,
acompaña al sentimiento
un silencio sepulcral.
El tiempo todo lo cura.
La desgracia de su ausencia
se diluirá en la memoria
entre lágrima y tristeza.
Después, brotará una sonrisa
con los recuerdos más gratos
y quedará para siempre
la impronta de aquel que fuera,
ante todo, un alma buena.
¡Descanse en paz!
© LuJITar (22-7-25)