Me enamoré de su tristeza.
Me enamoré de su terca soledad.
Me enamoré de sus emociones incongruentes.
Me enamoré de su alegría esporádica.
Me enamoré de su lejanía.
Me enamoré de su exigencia genuina de lo real.
Me enamoré de su necesidad imperante de la lectura.
Me enamoré de su enigmática forma de ser.
Ahora no sé: lo odio, lo amo... a veces, tal vez.
Me enamoré de no buscar respuestas.