Yusti Pérez

Soneto 36

He de marchar en una soledad

que me adviene con soberbia extrañeza.

He de andar arrastrando mi tristeza 

hacia la urbe y con inseguridad.

 

Porque desnuda, llena de frialdad,

una mano refleja mi entereza:

brota una subitánea incerteza

do pisaba con regularidad.

 

¡Tornóseme la ciudad extranjera!

Al zapato se apegaban las losas,

la luz de las farolas se atenuaba,

 

nadie me paraba ni tan siquiera

para venderme o firmar cuatro cosas.

¿Esta metrópoli yo frecuentaba?