Me marchaba, ya me iba.
Ocho maletas llevaba;
sabía que no volvía.
—¿Contenta, estás?
¿Contenta?
Me preguntaba la abuela.
Así quise.
Así quiero.
Ese olor…
esta mañana…
Café, sin azúcar,
cultivado bajo sombra,
sabor a frutas maduras.
Algo mojaba
mi cara.
Mis labios
besaron aguas.
Amé aquello
que no
llevaba.
Y miré aquel
paisaje…
¿Por qué llevo
como piedras en la
espalda?
¿Y voy arrastrando
los pies y me cuesta
levantarme?
Algo mojaba mi cara.
Cierro la puerta…
Un suspiro
que imprudente
se me escapa…
No quiero
que vean mis ojos.
Por favor,
que nadie escuche.
Que nadie sepa…
que no vean.
Seguro es
el café…
que me
ha mojado
la cara.