En el descanso de humanizar mi voluntad,
en el silencio de mi deber espiritual
y en el suspenso del gran plan,
sólo puedo imaginar que estás acá.
Imagino ser una mujer y nada más,
en el sentido profundo de su naturaleza
despellejando el concepto
hasta rasgos mamíferos y devocionales,
a través de los cuales
mi amor por ti no se limite a palabras
y deseos carnales.
Ser una mujer que comprendió
que el hombre protegerá su alma
pero no sin antes desproteger su niñez,
pero no sin antes limpiar el corazón
y sentir al fin la paz con su creador.