En este lazo eterno del egoísmo,
tu cuerpo y mi cuerpo se combinan
y en el oscuro centro se iluminan.
En el roce sutil donde el silencio estalla,
la piel reconoce su urgencia primera,
dos cuerpos que olvidan cualquier frontera
y libran a oscuras su mejor batalla.
El pulso acelera, la calma desmaya,
la noche se vuelve de fuego y de cera,
tu boca me busca, mi mano te espera,
en una marea que nunca encalla.
Es más que el suspiro, es más que el desvelo,
es la gravedad que nos une y nos funde,
un vértigo puro que borra el pasado.
Rozando el abismo, tocando el cielo,
el mapa del mundo por fin se confunde
en el territorio de un cuerpo abrazado.