No somos anglosajones,
celebramos los misterios,
esas viejas tradiciones
de visitar cementerios.
Llenamos de luz y flores
las tumbas del camposanto,
con respeto y con honores
que se mezclan con el llanto.
Pero cruzó la frontera
una invasión desde el norte
con una estética huera
de estridente y falso porte.
Yo no estoy contra el origen
del viejo ritual celta,
mis reproches se dirigen
contra lo que hoy representa.
Ese infame Halloween
de cartón-piedra y mentira
donde el negocio es el fin
y la impostura respira.
Ese virus consumista
que nos vende baratijas;
la fiebre capitalista
se cuela por las rendijas.
No perdamos la memoria
por las modas importadas,
nuestra fe y nuestra historia
no se rinden a bobadas.
De calabazas vacías
llenen otros su desvelo;
nosotros, con hidalguía,
honraremos nuestro suelo.
Respete nuestra costumbre
ese gringo prepotente,
que no se apague la lumbre
de nuestro pueblo valiente.
Guarden su fiesta y sus risas
y su mundo de hojalata,
que a nuestras almas mestizas
ningún Halloween las mata.