Para ti, en este día y para siempre:
Hay fortalezas que solo se construyen para ser conquistadas por la luz adecuada. Durante mucho tiempo creí que la libertad consistía en guardar las distancias y mantener el corazón intacto, protegido tras murallas que nada ni nadie pudiera atravesar. Pensaba que el control era mi mayor refugio.
Pero entonces llegaste tú. Sin prisas, sin artificios, con esa luz transparente que todo lo calma y todo lo transforma. Desarmaste mis defensas no con fuerza, sino con la quietud inquebrantable de tu ternura. Hoy comprendo que no hay mayor triunfo que saberme vencido por la forma en que me miras.
Te entrego estas letras como la confesión más sincera que sabe hacer mi pecho. Guardas en tus manos el testimonio de una hermosa rendición:
GANASTE
Creí guardar el pecho bien protegido, alzar murallas contra todo intento, librar al alma de cualquier lamento y andar la vida sin haber cedido.
Pero llegaste tú, sin un ruido, con esa luz que desarmó mi viento, y en el cruce sutil del pensamiento todo mi orgullo se rindió vencido.
Ganaste el ritmo de mi piel dormida, la terca voz que se negó a nombrarte y cada espacio gris de mi memoria.
Ganaste, al fin, el rumbo de mi vida: no hay mayor triunfo que dejar de amarte ni más dulce derrota que esta historia.
No me queda más trinchera ni más refugio que el espacio que habitamos juntos. Si esta es la derrota, no existe en el mundo una victoria que se le compare.
Tuyo, siempre.
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