HUMANO DE FUEGO IV
La libertad y el peso de elegir
Nadie me advirtió que ser libre
era perder el refugio de las excusas,
elegir con las manos desnudas
y aceptar que cada puerta clausurada
también llevaría mi nombre.
Quise culpar al destino,
a los dioses, a la sangre, a los hombres;
pero el silencio devolvió mis preguntas
con el peso intacto de mis decisiones.
Comprendí que la libertad no absuelve:
pone un espejo donde termina el miedo
y nos obliga a responder
por aquello que hacemos con nosotros mismos.
Desde entonces, cada elección arde;
no como esperanza, sino como juicio.
Porque hay cadenas que vienen del mundo
y otras que forjamos para no decidir.
Hoy camino sin pedirle inocencia al camino:
ser dueño de mí tiene un precio,
y es vivir sabiendo que ninguna conciencia
puede delegar en otro su verdad.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026