Nací donde la sal se mezcla con la herida,
donde la muerte ronda y se encarece el pan;
donde aprendí que a veces se nos quiebra la vida
antes de que los sueños aprendan a volar.
Callao, tierra mía, ¿qué hicieron con tu nombre?
¿Quién vendió tus mañanas, quién te negó el honor?
Yo me marché buscando ser un poco más hombre,
pero llevo tus calles clavadas en la voz.
No niego tus miserias, tampoco tus grandezas;
no voy a amarte a ciegas ni a odiarte por dolor.
¡Qué triste es ver la tierra que te dio tus raíces
convertida en la herida que te llevas a donde vas!
Y si muero aquí, lejos, bajo la lluvia andina,
no me lloren por extraño ni me llamen sin hogar:
que un chalaco puede irse al confín de la vida,
pero el puerto en su sangre no se sabe marchar.