FORASTERO
¿Te has sentido forastero
de tu propio cuerpo, forastero?
¿De tu propio corazón?
¿Qué hay de los anhelos
que el río arrastra consigo
para luego esparcirlos, olvidados,
entre las piedras de su cauce, forastero?
¿Cuánto puede pesar la ausencia?
¿O cuánto cuesta la paz?
¿Cuánto pagarías por lo vivido?
¿Cuánto tarda el olvido, forastero?
La selva observa, forastero.
Tu corazón adolorido
riega las raíces de los árboles,
mientras en lo alto
sus hojas resplandecen de verde.
¿Quién culparía al hongo
de crecer en la sombra de la corteza
y a la flor
de abrir sus pétalos al llamado de la luz?
Verde esmeralda
inunda tus pupilas, forastero.
Cuerpo desconocido
que no se inmuta.
Cuerpo ajeno.
Susurros del viento.
Trazos incompletos del creador
mirando el agua correr, forastero.
Cascarón vacío,
sientes el peso
de tu propio cuerpo, forastero.
Escucha.
El verde esmeralda te llama, forastero.
Como arena,
se cuela entre tus pies
mientras el agua envuelve tus dedos.
Ese caos
que tanto te cuesta manejar
es también
el orden de lo natural, forastero.
Forastero de mente pequeña,
abstraída y adolorida,
te llenas de recuerdos
mientras un fantasma te persigue.
Y entre colores incandescentes,
tu alma baila
con el olvido,
con el perdón,
con la ira
y con las lágrimas.
Forastero.
Forastero de piel alba,
cabellos noche,
ojos ciegos.
Forastero de espíritu sin ley,
libre,
solitario.