El propósito de la paciencia, y el mérito de la constancia.
No tengo razón para ser veloz,
Dice desprevenido el perezoso,
Porque tendría que igualarme a vos,
Si ya singular soy, como un buen mozo.
Yo ando sin prisa, y sin alzar la voz,
Disfruto cada mañana de un trozo,
Delicia de la hoja suave y precoz
Que crecen de color verde y carnoso.
Nunca grito por que de nada vale,
Trepo todas las alturas que temen,
Animales más veloces que existen.
Pues lento puedo ser hasta que escale,
Y cada vez, hasta la última rama,
Donde tiendo libremente mi cama.