Señor, mi Creador, en la luz admiro tus bendiciones, pero en la oscuridad descubro tu grandeza. Porque aun cuando mis ojos no ven el camino, mi alma reconoce tu presencia.
Gracias por lo que me das, por lo que me quitas para protegerme, por las puertas que abres y por aquellas que, en tu infinita sabiduría, cierras.
He aprendido que no toda oscuridad es ausencia de luz, a veces es el lugar donde más cerca estás de mí. Y que no todo lo que brilla es bendición, porque tus regalos más hermosos muchas veces llegan en silencio.
Que nunca me deslumbre tanto la luz que olvide quién me sostuvo en las sombras.
Porque en mis días radiantes y en mis noches más inciertas, todo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que aún está por llegar lleva la huella de tus manos.
A ti la gloria, mi Dios, porque aun en la oscuridad, contigo jamás he dejado de brillar.
Con amor y fe, Elizabeth Altagracia