Querida amada:
Quiero decirte que sigo vivo, vivo de dolor, mientras mi compañía es la soledad de color frío y mi musa es una taza de café. ¿Sabor a derrota? Pero qué espectacular es sentirse vivo. No lo sé. Llevo tiempo sin escucharte decir un hola o imaginarte entre mis brazos, cansado de trabajar y de vivir en un mundo nocturno, conforme pasan los años y voy llegando a la vejez teniendo apenas 23.
Querida, me he vuelto más humano. Ahora soy más observador y he hecho miles de cosas para amarme, pero no tanto como tú me amaste. Ya tengo hijos; se llama Oliver y es un gato de color sol que ilumina mi casa y me llama papá con su propia voz.
Creo que te soñé, bajo esa luna, en aquella noche donde bailábamos al ritmo del viento que chocaba contra los árboles. Esa música era cantada por aquellos ángeles que llegaron a cantarle a nuestra musa, mientras tus labios y los míos cada vez se acercaban más. Y, de repente, me desperté. El maldito rayo de la madrugada me despertó. Miré por la ventana y me senté porque estaba lloviendo. Ese era Dios, que había comenzado a llorar al ver mis sueños hechos lágrimas, y me consoló diciéndome: «Ya no la sueñes más».
Pero, tan terco como soy, no le hice caso. Salí bajo la lluvia y le grité: «¿Por qué?». Y me respondió que no todo lo que llega se queda. Entonces me quedé como ese niño que espera a su papá, creyendo que llegará a casa, pero que, al final, comprende que ya no volverá más a su vida.
Y sí, tienes razón: me fui yo, no me quedé, pero tenía que huir para vivir. Vivir en mí, vivir en mis palabras y en mi ser. No sé si seré un buen poeta, pero, mientras viva, te seguiré escribiendo y quemando las cartas para que el viento te las lleve y puedas leerlas en sueños; sueños mágicos, de amor verdadero, aunque al final todos sean sueños.
Creo que me tengo que ir. Al final, te escribo diciendo que estoy bien, mientras escribo llorando, porque sabemos que no lo estoy. Sigo pensándote y añorándote por ese beso que nunca nos dimos y que mi mente cansada sigue imaginando.
01/11/2024
Con amor,
José.