Y el calor galopaba
entre tus manos.
Como potro fiero
ya me vencías.
Noches de frío invierno.
Y tus manos
deslizaban lentas.
Iban siguiendo mi sombra,
queriendo quizá
amar…
con paso leve.
Casi agonizo
por verte.
Es que sabes
a hierba,
a lluvia nueva
que amanece
en mis caderas.
Sabes a fruta,
ciruelas, fresas…
Que no se vayan
tus manos,
que no se escapen
tus dedos.
Si quiero tenerlos
presos…
Que no escape
el prisionero.