A veces
escribimos
lo que no decimos
y lo que lamentan los labios.
Una lágrima flotando
en la bruma del tiempo
en fragmentos de segundos
se hacen eternos.
No hay huida
y ese sabor amargo
de su libertad
se filtra en la escritura.
Y en esta peregrinación
las palabras
encuentran refugio
que el tiempo no supo borrar.
LMML