El inventario de los besos imposibles
Hubo besos que nacieron en mi boca y nunca encontraron el camino hacia la tuya.
Se quedaron allí, temblando como pájaros bajo la lluvia, con las alas llenas de primavera y un cielo entero por conquistar.
Algunos tenían la tibieza del alba, otros ardían como la tierra en verano; los había pequeños, casi inocentes, y también aquellos que habrían derribado las murallas del silencio con solo rozarte los labios.
Pero el tiempo, ese ladrón que camina sin hacer ruido, pasó entre nosotros con sus manos vacías y se llevó las horas que pudieron ser nuestras.
Ahora guardo aquellos besos en un rincón secreto de la memoria, donde todavía florecen las cosas perdidas.
Allí vive el que habría depositado en tu frente la ternura de todos mis días; el que habría buscado tu boca después de una despedida, como busca el río la inmensidad del mar.
Allí permanece también el beso que nunca supiste que esperabas, el que habría nacido de una mirada, sin promesas, sin testigos, sin más explicación que el deseo de quedarme un instante en tu vida.
¡Cuántas veces te besé en silencio!
Cuando la distancia pronunciaba tu nombre, cuando la noche se parecía a tus ojos, cuando mi soledad inventaba tu presencia y yo, pobre soñador de lo imposible, confundía mis deseos con la realidad.
Hoy no sé si aquellos besos me pertenecen o si fueron siempre criaturas del sueño, pequeñas llamas que encendí para ti sin que jamás vieras su resplandor.
Quizá el amor también consista en esto: en construir jardines para alguien que nunca llegará a conocerlos, en escribir cartas que no tendrán destino, en sentir sobre los labios la ausencia de una boca.
Y, sin embargo, no reniego de ninguno.
Fueron míos mientras los soñaba, fueron tuyos mientras te amaba, y aunque jamás llegaron a tu piel, algo de ti quedó viviendo en ellos.
Que se los lleve el viento, que los cubra la ceniza de los años, que la vida cierre lentamente las puertas que dejé abiertas para ti.
Yo seguiré mi camino.
Pero alguna noche, cuando la luna se incline sobre mi ventana y el silencio vuelva a pronunciar tu nombre, tal vez sienta en mis labios el temblor de aquel amor inconcluso.
Y comprenderé, sin tristeza, que hay despedidas que ocurren sin abrazos y besos que, aun sin haber existido, nos acompañan toda la vida.
— Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Noviembre, 2019
Género: poesía lírica
Forma: verso libre