El lucero del alba
entra altivo por la ventana,
iluminando tu cuerpo inmaculado,
acurrucada sobre mi pecho.
Descansas, tranquila, soñando
con un mundo nuevo,
mientras yo me siento libre,
sereno y en calma,
como recorriendo el campo castellano,
bajo un cielo azul y un sol radiante,
entre bosques de olivos, volcanes
y sierras coronadas de encinas.
Me siento como el zorro en el campo,
tumbado entre las piedras,
acurrucado y tranquilo,
disfrutando del calor de la primavera,
sin más preocupación
que dejar pasar las horas.
Tus besos se convierten en despertador,
me devuelven al calor de tu cuerpo
y, cuando nuestros labios se encuentran,
el mundo parece detenerse.
Nuestros cuerpos se funden en uno
y el tiempo deja de importar.
Pero las horas se marchan deprisa,
como las semillas del diente de león
que se lleva el viento,
dejando atrás la calma.