JordiCris ✍️
El abrazo de Morrigu (Diosa Morrigan)
Vídeo: Morrigan.- Omnia (Letra Español Ingles) La Vida es Música / Música pagana
El abrazo de Morrigu (Morrigan la diosa)
Diosa celta que cabalgas sobre la muerte… Hija de los “Tuatha dé Danann” el pueblo de la diosa Danao, Anu, estirpe de Taranis…
Un poema en el Libro de Leinster, canta todo tu árbol y te nombra; aunque tú eres anterior, pues perteneces a los seres mágicos habitaron Irlanda antes que los irlandeses actuales.
En el útero de la noche, donde la luna sangra plata, Morrigan, alzas tus nombres y el horizonte se espanta.
Tres sombras ciñen tu cuerpo, tres presagios tu mirada: Morrigu, la doncella que seduce, la madre que nunca calla y Morrigan, la arcana eterna que guarda el tiempo bajo sus alas de escarcha.
Eres la reina de los cuervos, la amante de las batallas, la que conversa con los muertos y enciende el sol de sus armas.
No temes a los abismos ni a las almas derrotadas; sabe que hasta los imperios son polvo bajo tus largas garras.
Morrigan, señora oscura, corona de plumas negras, llevas la guerra en los ojos y el universo en las venas. No eres la muerte: eres la verdad que la atraviesa, espejo donde el héroe ve su valor y su ausencia.
Cuando tu cuervo desciende sobre el roble milenario, los dioses guardan silencio y tiemblan los hierros en el santuario.
Tu risa rasga la niebla, tu voz sentencia los años; hay destinos que se rompen y otros que nacen del daño; y tú, tomas la forma del cuervo o de la corneja, el lobo o la anguila para realizar tu magia negra… para transformar el umbral del destino.
Morrigu, a veces eres doncella que danza junto a las fuentes; otras, tormenta encarnada que pone a prueba a los fuertes. Otrora, siempre eres la eterna anciana de los siglos por los siglos, la sabiduría hiriente de quien ha visto a los dioses morir dentro de los hombres y a los hombres morir en nombre de todos los dioses.
No juzgas al que combate ni bendices al cobarde: tú sabes que cada guerra lleva su propia paz por cadáver.
Porque la gloria es un pájaro, que en cualquier mano se extingue, y el vencedor de esta noche mañana será parte la ceniza que entre polvo no se distingue.
Morrigan, negra profecía, diosa del umbral oscuro y el duelo, tienes la noche por manto y; por altar, el cielo tienes, sea estrellado u opaco.
Tu reino no está en la muerte, sino en su oscuro reverso: en esa fuerza que emerge cuando se derrumba el templo y la voz ha perdido el verso.
Si algún día tú me encuentras donde termina el camino, no me preguntes mi nombre ni cuánto miedo he vencido; mírame las cicatrices que el tiempo dejó conmigo: que también los hombres renacen de sus propios precipicios.
Y yo no te tengo miedo porque de mil formas sé, que tarde o temprano tú, vendrás a abrazarme como lo que eres o con otro nombre. Te conozco, y sé, que cambias mi vida por un nuevo renacimiento, una nueva vida.
Entonces, diosa del cuervo, cuando despliegues tus alas, no seré un alma vencida ni una sombra arrodillada. Seré un plúmbeo cuerpo entre tus brazos y una alma libre volando.
Seré la brasa que queda cuando el incendio se ha apagado: porque hasta la noche eterna guarda una aurora enterrada y yo la veré en mí amanecer, apoyado entre tu pechos y entre tus brazos asomada.
CRISPÍN
Poema Nº174
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