Leoness

Soneto del fuego inconcluso

Muerden mis labios la memoria ardiente

de tu muslo de seda y de granado,

frenesí que el destino ha cercenado

cuando sangraba el gozo más caliente.

 

Temblando en la penumbra el aire siente

el rastro de tu cuerpo cincelado:

aún gotea el veneno mitigado

de tu sexo de nácar y serpiente.

 

¡Ay, regresa a mi lecho de agonía!

Hunde tu garra en mi voraz premura,

desgarra este silencio que me ahoga;

 

devuélveme la carne que era mía,

reaviva la marea de la envoltura

y apura en mí la copa que nos droga.